Foro Alfonso Carlos I
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TESTIMONIOS PERSONALES SOBRE LA UNIVERSIDAD ALFONSO CARLOS I
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C. Castán (Castellón)

"Creo que la experiencia de estas jornadas de verano de la Universidad Alfonso Carlos I puede considerarse como positiva. La diversa procedencia (en la mayoría de los casos no carlista) de los ponentes puede ayudarnos a conocer y valorar distintas actividades y frentes abiertos en los que están trabajando los católicos españoles.

Tal y como señaló D. Santiago Arellano es necesario conocer quién está trabajando en España por promover una acción social y política desde una óptica católica, precisamente estas jornadas nos han permitido esa primera aproximación, dándonos cuenta que desde iniciativas diversas se están persiguiendo, en algunos casos, unos mismos objetivos.

Otro aspecto que creo debe destacarse es la libertad que se pudo constatar en los debates posteriores a cada una de las charlas. Se demostró que el debate y el contraste respetuoso de ideas es algo enriquecedor para todos. Las diferencias con algunos ponentes y sus planteamientos (notables en algunos casos) se pusieron de manifiesto con el máximo de los respetos, lo cual dice mucho a favor de los participantes. Es evidente que la mayoría de esos ponentes no partían desde un punto de vista tradicionalista, lo cual no debe quitar mérito a su labor. Tampoco se deben disimular las diferencias existentes.

En definitiva considero muy interesante que haya venido gente desde fuera a plantearnos cuál es su campo de acción. Es algo que nos permite aprender, valorar y ¿por qué no? colaborar en acciones muy interesantes de otros grupos y asociaciones, aunque no partan de una óptica carlista.

El conocimiento mutuo siempre enriquece, y es una de las bases para lograr el entendimiento, la convivencia y, si es necesaria y posible, la acción común en aspectos concretos.

Como conclusión algunas anotaciones que me parecen interesantes reproducir:

- " Es un momento propicio para participar en política: la sociedad está hambrienta de IDEALES, y la Iglesia invita a participar."

- "La primera batalla social de los católicos en España debe ser la DEFENSA DE LA VIDA."

- "Los carlistas debemos plantearnos un aspecto muy concreto para trabajar sobre él. De esta manera no dispersaremos esfuerzos."

- "se precisan modos, maneras y estilos de actuación adecuados a la sociedad presente."

- "Intentemos filtrar las ideas, las noticias, los planteamientos desde un punto de vista católico.".

- "Los diferentes grupos católicos deben seguir trabajando en su ámbito, aspirando a crecer. Después podrán venir los resultados."


J.M. Ripoll (La Coruña)

"Intellectus speculativus in extensione fit practicus". Creo que esta frase del angélico doctor de Aquino podría convertirse perfectamente en la corona y colofón de las jornadas de verano a las cuales asistimos carlistas de toda España. De hecho, fue una de las primeras intuiciones con las que comenzaron dichas jornadas, así como su cometido, la relación entre teoría y práctica, la relación entre los principios y los medios conducentes a la aplicación de los mismos. En efecto, la teoría, los principios, cuando se encuentran con la realidad de la que han surgido, y a la cual se orientan se convierten en práxis. Y son precisamente los principios los que van a determinar un tipo de práxis u otra. La identificación principios-abstracción, identificación parcial, deja de aparecer como tal cuando tales principios emergen de una metafísica de lo concreto, como podemos calificar a la metafísica que surge de la visión cristiana del hombre y de la realidad. Es precisamente la cosmovisión cristiana la que animó estas jornadas, y nada más lejos de lo abstracto que estos principios de vida eterna y salvación, que es salvación de personas y de sociedades, dado que tales principios proceden de un hecho salvífico, el Dios-Hombre hecho carne en una virgen de Israel, nada más concreto, y el hecho de la redención, que siendo un hecho concreto se convierte en universal. De ahi que para una visión cristiana, los principios son el resorte que nos permite acercarnos a la realidad viéndola tal como es como creación, creación enc omendada al hombre y redimida por el portentoso acto de la redención.

Desde esta perspectiva, teoría y praxis, premisas y consecuencias se encuentran ligadas de una manera perfecta e irreductible. Tras lo cual nos encontramos con la dialéctica del sentido común. Va a ser desde esta perspectiva desde donde vamos a ver las cosas tal y como son, adecuando por ende nuestro intelecto a su misma realidad, no alterando su realidad misma en virtud de nuestras preferencias y espectativas; y lo mismo podríamos decir del hombre y la sociedad, que aparecerá por tanto a nuestros ojos en esa perspectiva de la alteridad, opuesta al individualismo y al colectivismo. Desde la Santa Trinidad, admirable ejemplo de alteridad personal, relación de personas que tiene como fruto la proyeción hacia afuera, la misión, también su reflejo, la sociedad humana, en imitación a esa sublime alteridad tendrá como fruto la expansión pruopiamente misional, en el sentido genérico del término, imposibilitando así de cualquier modo la dialéctica de lo inmanente, del hombre y de la sociedad cerrados en sí mismos sin más consecuencia que el monismo y el estaticismo.

En las jornadas he comprobado, cómo todo esto se manifestó a la hora de plantear los medios conducentes a la participación de los católicos en la vida pública. El sentido común lo percibí personalmente en un hecho que es harto significativo; a excepción de D. Santiago Arellano, cuya exposición fue realmente brillante, ninguno de los ponentes militaba en las filas del carlismo, si bien se hallaban en la órbita de la acción social y política católica. El carlismo, por tranto, sigue demostrando su capacidad de apertura y diálogo con aquellos que libran la batalla en otros campos, como puede ser el campo social, familiar, profesional o periodístico. Hubo quien propuso la consolidación de una suerte de plataforma católica para frenar el aumento del proceso secularizador en España y como cauce a la política católica. Pues bien, yo creo ello lo hemos tenido en las jornadas, donde personas de tendencias, con un mismo objetivo, debatieron, disertaron y dialogaron desde la común perspectiva de la visión católica d e la vida.

Por otro lado, el sentido cristiano siempre ha sido enemigo, tanto de los minimalismos disolventes como de los maximalismos que suelen concluir en la fe como instrumento ideológico, y por lo tanto siempre ha ido parejo al justo orden, al equilibrio entre la firmeza insoslayable de los principios y un sentido realista, y todo ello subordinado a la fe. Muchas veces se habla de que el carlismo ha defendido y preservado la fe católica y constituyó el freno de la secularización en nuestra patria; pues bien, después de las jornadas, me planteo si no será más bien al revés: ha sido precisamente la fe católica la que ha conservado y protegido a los carlistas y la que los ha mantenido en la lucha contra el laicismo y la idolatría de los dioses falsos. Ello se constató de manera patente en cómo el corazón de las jornadas no estuvo en la sala de conferencias, sino en un lugar cercano, donde el Señor de los señores y Rey de reyes recibía nuestro saludo diario, al acostarnos y levantarnos, y en el momento ciertamente culminante del día que era la celebración de la Santa Misa. El corazón de Jesús sacramentado recibía diariamente nuestros anhelos, esperanzas y expectativas al comienzo del día, la mañana, evocadora de la Resurrección del señor, momento de júbilo, y a la noche, el fin del día, que siempre ha evocado la brevedad de nuestro peregrinar terreno y la necesidad de encomendarnos siempre al Señor para estar preparados cuando se digne llamarnos a su presencia. Ana Fal Conde dirigió la oración con devoto, profundo y sincero sentido cristiano, que ciertamente sirvieron de gran edificación para los que allí estábamos haciendo compañía al soberano señor sacramentado. Y ciertamente ahí es donde se percibía más claramente la fuerza y el sentido de nuestra misión: ¿Qué es un carlista? nada más que aquel que desde la sencillez de la oración, la fidelidad a la fe y la comunión con la Iglesia y actuando en el mundo que le ha tocado vivir, permitiendo que la fe traspase el recinto de la individualidad, y pasando por la familia llegue al ámbito de lo social y lo político. Y eso es lo que precisamente nos preserva de los dos extremos: el puro oportunismo político-social disgregador, y los integrismos que aparecen siempre como puro positivismo, convirtiendo la fe en un mero resorte cultural e ideológico.

En suma, creo que las jornadas han sido un acicate y han servido de revulsivo a todos los carlistas en el empeño de que Dios sea el que ciertamente reine sobre nuestras vidas y nuestras sociedades, para desmontar las estructuras de pecado en la que muchas veces estamos inmersos, ya sea en la vida individual, ya sea en la social y política. Y asimismo nos han servido para percibir realmente lo que es el carlismo, que sentido tiene nuestro carlismo y hacia dónde se tiene que orientar, si bien estas tres ideas anteriores se manifiestan siempre como una misma y sola cosa. Verbum Caro factum est, el verbo se hace carne, y los principios se hacen práxis, y en cuanto se hacen práxis se va realizando lo que podemos llamar el corazón mismo del Evangelio y de nuestra santa fe católica:

Pax Christi in Regno Christi: La paz de Cristo en el Reino de Cristo.