1 de mayo de 1999
ANTE EL PRIMERO DE MAYO
Cuando la ComuniónTradicionalista Carlista recuerda y conmemora las guerras civiles del siglo XIX nunca lo hace para recrearse en nostalgias del pasado, sino con el convencimiento de que la historia puede ser maestra para la vida de las personas y los pueblos.
Al recordar la sangre española vertida en tantos lugares de España (de los carlistas por defensores de la justicia, y de los liberales obligados por la Revolución a luchar contra sus hermanos), no podemos olvidar tampoco el sufrimiento y los abusos de que fueron objeto, gracias al triunfo liberal, los obreros, mineros, etc. que protagonizaron con su sufrimiento la llamada revolución industrial.
El triunfo del liberalismo permitió que los depredadores de turno cometieran las mayores injusticias con muchos trabajadores: jornadas interminables, salarios insuficientes, carencia de medidas de seguridad, alojamiento en barracones en condiciones propias de animales, obligación de comprar en economatos propiedad de la empresa géneros de baja calidad y a precios superiores a los del mercado... Todo eso permitieron los gobiernos de la monarquía liberal usurpadora a los capitalistas que la sustentaban.
Pero los carlistas no hablamos de historia. Hablamos de política actual porque son los grandes principios que proclamamos los que nos permiten hoy, igual que hace cien años, una denuncia de las injusticias cometidas. Aquí o en los países del tercer mundo cuyos habitantes son hoy en día los verdaderos "proletarios".
La situación ha mejorado entre nosotros en cuanto a las condiciones físicas del trabajo, y no ha sido gracias al marxismo, felizmente fracasado, que proponía otra forma de explotación todavía más inhumana: la del hombre por el Estado.
Sin embargo nos enfrentamos a una nueva forma de explotación.
La sociedad que aspiraron a fundar nuestros mayores bajo el signo cristiano esperaba mucho más. Los carlistas que se alzaron contra un gobierno de tiranos esperaban una sociedad y una política con libertades y soluciones concretas, con menos palabrería y más hechos. Salarios justos para una sociedad justa y digna del ser humano.
Lo llaman neoliberalismo, pero es el liberalismo de siempre: el que por todos los medios busca el máximo beneficio para el oportunista y que siempre considera al hombre como una mercancía más. Hoy todos los actores del mundo laboral, pero especialmente los más débiles (jóvenes, inmigrantes, parados, empresas familiares...) se encuentran sin ninguna protección. No les protege la ley que se elabora en parlamentos en los que imperan los partidos. Porque los partidos deben sus victorias electorales a los medios que les facilitan ciertos poderes económicos. No les protege quien lleva el título de Rey a quien por su oficio le correspondería defender al débil. No les protegen los sindicatos, divididos por motivos ideológicos o por ambiciones de sus dirigentes y reducidos a la condición de correas de transmisión de los partidos.
Pensamos los carlistas que los sindicatos deben nacer de los propios trabajadores, independientemente de los partidos políticos. Que debe haber una única organización sindical con amplias competencias en lo laboral, en la formación profesional y con representación en las Cortes.
Como organización política que somos, no nos consideramos llamados a establecer otro sindicato más. A la vista de la situación de indefensión de tantos, creemos nuestro deber llamar la atención a los dirigentes de los sindicatos existentes y decirles que mientras mantengan a los trabajadores divididos, mientras sigan las consignas de los partidos, mientras se limiten a hacer demagogia, están traicionando a quienes dicen representar.
¿No se les ha ocurrido pensar a nuestros dirigentes sindicales que se está cumpliendo al revés el mandato de Carlos Marx? ¿Que son los capitalistas de todo el mundo quienes se han unido mientras ellos tienen divididos a los obreros?
Esta es la reflexión que proponemos a los sindicalistas españoles cuando recordamos el sacrificio de nuestros voluntarios. Hombres del pueblo que derramaban su sangre por un Rey, cristiano, en el que personificaban la justicia y la libertad.
JUNTA DE GOBIERNO DE LA CTC