El proyecto del Gobierno socialista de
implantar la asignatura “Educación para la Ciudadanía” de forma
obligatoria ha producido una gran conmoción en la sociedad española. La
oposición a la misma por parte de los obispos de mayor relieve, de
organizaciones defensoras de la familia y de los mismos padres de los
niños lo prueba.
La asignatura de Educación para la
Ciudadanía, estructurada en los reales decretos que desarrollan la
L.O.E., constituye no sólo una intromisión del Estado de la máxima
gravedad en un área educativa cuya orientación corresponde por derecho
primario a los padres, sino un instrumento inmoral de corrupción
de las conciencias desde la más temprana edad mediante el
adoctrinamiento sistemático en el relativismo moral y en la aceptación
social de conductas contrarias a la Verdad y al Bien del hombre.
Los contenidos sobre conductas sexuales
depravadas, “memoria histórica” y ateísmo o indiferentismo
religioso, entre otros, hablan a las claras del propósito no disimulado
de los artífices de estos contenidos de moldear la personalidad de los
educandos, y los padres tienen el grave deber de evitar que sus hijos
reciban estas enseñanzas, ya sea oponiéndose a la asignatura en
concreto, ya sea vigilando los contenidos que reciben en el resto de
asignaturas.
Con los nuevos contenidos que se
pretenden normalizar con la L.O.E. el estado liberal y revolucionario ha
llegado al cénit de su satánico afán de apoderarse de la conciencia de
sus súbditos. Todo bajo el señuelo de la Libertad. Hemos de señalar que
la implantación de una asignatura de este tipo de forma universal y
obligatoria para todo tipo de colegios independientemente de su
titularidad es posible debido al nefasto principio del monopolio estatal
de la enseñanza.
En su oposición a un liberalismo como el
que inspira este nuevo proyecto totalitario, el Carlismo se ha
manifestado siempre defensor a ultranza de la libertad de enseñanza. Ha
negado al estado liberal no sólo el derecho a monopolizar la enseñanza,
sino hasta la capacidad de enseñar. El Estado liberal no profesa ninguna
doctrina, es neutro (eso vienen diciendo), y no puede enseñar lo que no
profesa. Sin embargo, la situación sobrevenida pone de relieve, una vez
más, el carácter profundamente totalitario del sistema político vigente,
destructor en la práctica de las libertades sociales e individuales más
elementales. El supuesto carácter neutro del Estado en materia
ideológica y religiosa revela su verdadero rostro anticristiano por la
vía de los hechos consumados. La alegación de la vulneración de derechos
fundamentales en este caso (arts. 16 y 27.3, referentes a la libertad
ideológica y al derecho de los padres a que sus hijos reciban la
formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias
convicciones) puede revelarse inútil ante los tribunales por entrar en
contradicción con otros principios constitucionales.
Es, por tanto, deber de esta Comunión
insistir una vez más en la denuncia de las carencias fundamentales del
sistema político vigente y en la necesidad apremiante de revisión de sus
premisas constitucionales.
La
historia de los siglos XIX y XX nos habla de la labor lenta y constante
de los gobiernos liberales por imponer a los españoles una educación
dirigida por el Estado y tendente a la descristianización de España. Si
no lo logró fue por carencia de medios y no poder prescindir de la labor
educativa de los religiosos.
En el orden práctico,
en el reducido espacio del País Vasconavarro, durante el tiempo limitado
que gobernó el Carlismo, la educación se desarrolló con la máxima
libertad para los centros de enseñanza: Universidad de Oñate, Escuela de
Medicina en Estella, Colegios de enseñanza media en Tolosa y Orduña.
Un
atento estudio de la enseñanza en España nos demostraría los males que a
la misma causó el monopolio estatal que determinaba planes de estudio,
títulos universitarios y competencias para los mismos. Como prueba
diremos que la primera facultad de Ciencias Económicas se estableció por
iniciativa social, mucho antes de que el Estado diera carácter oficial a
tales estudios en sus universidades. De iniciativa privada fueron los
primeros centros de formación profesional.
Por eso en escrito
presentado el 10 de marzo de 1939 al entonces Jefe del Estado, la
Comunión Tradicionalista, declaraba “(...)
frente al funesto sistema del Estado pedagogo, destructor insensato de
nuestras antiguas Universidades y Colegios Mayores y que tantos males
acarreó para la cultura patria durante el curso del pasado siglo, el
Estado, restaurador de la gloriosa Tradición nacional, proclamará el
principio castizo y salvador de la libertad de enseñanza”
(1939).
La
Comunión
Tradicionalista Carlista (CTC),
anima a los padres de niños estudiantes a que se organicen y resistan la
asignatura por todos los medios legítimos a su alcance, bien sea
mediante la alegación de la vulneración de derechos fundamentales, a
poder ser de forma colectiva, bien sea a través de cualquier otro medio
válido en Derecho, salgan a la calle y, en fin, adopten cuantas medidas
de presión sean necesarias para defenderse de los intentos
revolucionarios de pervertirles, mientras estudia medidas concretas de
actuación en este sentido. Aprovecha la circunstancia presente para
pedir a los españoles que lleguen hasta las últimas exigencias frente al
Estado y le digan, como se lo decimos nosotros, “ningún derecho
tienes a monopolizar la enseñanza, ningún derecho tienes a erigirte en
maestro”.
Bajo el lema de Dios,
Patria- Fueros y Rey, se encierra el derecho de los padres a decidir la
educación de sus hijos.
Se facilita para su descarga
un formulario
para la presentación en el centro escolar en el momento de la
matriculación.
http://www.ctcarlista.org
29 de junio, Solemnidad de los Santos
Pedro y Pablo
JUNTA DE GOBIERNO DE LA CTC
Secretaría de
Comunicación
comunicación@ctcarlista.org
secretaria@ctcarlista.org
http://www.ctcarlista.org
C/ Zurbano, 71 - of.3 - 28010 Madrid
91 399 44 38
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