La
Comunión Tradicionalista Carlista (CTC) quiere expresar su
satisfacción ante la decisión de la Santa Madre Iglesia de elevar a los
altares a medio millar de españoles martirizados entre 1934 y 1939.
La
Comunión Tradicionalista recibió con serenidad, y con
ánimo de colaboración en orden al bien común, la República proclamada en
abril de 1931, como lo demuestra el manifiesto del Rey exiliado Jaime
I, del 23 de abril de 1931.
Esta postura del partido de mayor tradición guerrera en
España, demuestra que la República no encontró ninguna oposición
procedente del campo católico.
Nuestros deseos de paz y
concordia no se vieron correspondidos. Apenas había transcurrido un mes
y hordas de “incontrolados”, pero tolerados por el Gobierno, se
dedicaron al incendio de templos en Madrid y otras capitales españolas.
Ante ello, con fecha 20 de mayo del mismo año, el Rey cursó una
instrucción a los Jefes regionales de la
Comunión en la que denunciaba el origen comunista de los
desmanes, encarecía la necesidad de “agrupar a las fuerzas creyentes
para salvaguardar el tesoro de la fe y de la religión” y terminaba
reiterando a sus representantes la orden de “completar la
organización” que les había encomendado poco antes.
Así, los carlistas,
después de haber recibido el nuevo régimen, fueron los primeros en
aprestarse para la nueva contienda que el salvaje fanatismo de la
Revolución hacía inevitable.
Los hechos dieron la razón
a sus previsiones.
Cuando el levantamiento armado se hizo inevitable,
miembros del Ejército requirieron la colaboración de la
Comunión.
Las autoridades de ésta exigieron a los militares la derogación de todas
las leyes que se habían promulgado contra la Iglesia. Ninguna otra
condición que supusiera aspiraciones partidistas. Conseguido el
compromiso, bajo su responsabilidad, sin implicar para nada a la
Jerarquía de la Iglesia, dieron la orden del levantamiento, que
inmediatamente fue obedecida por los requetés.
Como heredera de quienes
tomaron tan dura decisión, que tanta sangre carlista habría de costar,
la Comunión Tradicionalista Carlista (CTC)
declara que la Jerarquía no tuvo ninguna participación en el Alzamiento
y protesta ante las frecuentes manifestaciones de los falsificadores de
la historia, que la involucran en algo en lo que no participó. El
levantamiento fue gloria nuestra: de nuestro Rey exiliado, del Príncipe
Regente que le auxiliaba, de su Secretario General y del pueblo carlista
que les secundó.
Nos levantamos los
carlistas anteponiendo a toda clase de apetencias políticas los
supremos intereses de la Iglesia. Así el Anciano Rey D. Alfonso Carlos
I, en carta del 25 de julio de 1936, dirigida a su Secretario General,
aprobaba las negociaciones previas al alzamiento y la movilización de
los leales, con las siguientes palabras:
“En momentos como los actuales no deben mirarse las
cuestiones personales de partidos, sino tratar de salvar todos juntos la
Religión y la Patria”.
Dentro de los horrores e
injusticias que toda guerra conlleva, brilla la santidad de los mártires
que murieron por no renegar de su Fe, perdonando a sus enemigos. Muchos
de ellos pertenecieron a nuestra organización política. La
decisión de la Iglesia de elevarlos a los altares es, a la vez, un
indirecto reconocimiento a aquellos voluntarios que abandonaron sus
hogares y hacienda, para jugarse la vida en aras de lo que más amaban:
la libertad de la Iglesia.
JUNTA
DE GOBIERNO DE LA COMUNIÓN TRADICIONALISTA CARLISTA
25 de
julio, Santiago Apóstol
Junta de Gobierno de la
CTC
http://www.ctcarlista.org
secretaria@ctcarlista.org
Tfno.: 91 399 44 38